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domingo, 4 de enero de 2015

Los que podían, los que no podían y los que dejaron de poder...

Hace algún tiempo que no escribo.

El tiempo pasa a velocidad de vértigo y los quehaceres diarios, el agotamiento laboral o simplemente que el día que tienes para descansar lo usas para descansar realmente, hacen que haya dejado este blog muy olvidado.

Pero he aquí que hoy me siento frente a mi ordenador y pienso en una nueva entradilla. Como indica el título, los que podían, los que no podían, los que dejaron de poder...

No descubro nada nuevo si digo que el automovilismo es caro, muy caro. Alguna vez he mencionado que un amigo decía que más valía que a su niño no le gustaran las carreras como a él, sino que le gustara la natación que con un bañador y un gorrito se apañaba. O ese refrán que dice que "A quien Dios no le da hijos, el demonio le da sobrinos". Eso viene un poco a cuento de que a mi niño parece que se le atragantan los coches y mi sobrino los vive con mi misma pasión. Y uno nunca sabe qué es lo correcto, porque si mi amigo no quería que a su hijo le gustaran, a mi me duele que al mío no le gusten. La gracia es que mi amigo es de los que, como se decía antes, tienen "posibles" y un servidor se las afana como puede para llegar a fin de mes.

Y duele cuando le guardas tu bien más preciado, un kart que ya suma más de 38 años a sus espaldas y el niño dice que no se monta, que le da miedo... ¡¡¡Maldita sea!!! Que mi sobrino, aún siendo más pequeño, pise el pedal derecho como si no hubiera un mañana no deja de ser un triste parche.

La gracia de todo esto es que si el automovilismo es una fuente de quemar dinero, hay muchos padres que se les va la pinza pensando todo lo contrario, que es una fuente de ingresos. Sí, porque Fernando Alonso va a ganar más de 30 millones de euros al año en su nuevo contrato con McLaren. En este país te haces millonario con la lotería, robando y hasta hace poco siendo futbolista, pero ahora está de moda ser piloto, y serlo de Fórmula 1. ¡Qué triste fantasía! porque los que nos hemos arrimado al mundillo de las carreras, de los coches "preparaos" como dicen los profanos, sabemos que la varita mágica que toca al iluminado que llega arriba se reserva para uno entre diez millones. Los demás lo haremos mejor o peor, pero agujereando nuestros bolsillos.

Leí no hace demasiado sobre una escuela de pilotos en la que el monitor se quejaba de padres que llegaban con prisas porque su niño ya iba tarde para la Fórmula 1, que tenía 4 años y medio y Fernando Alonso empezó con cuatro. Venga, hombre. Si es por eso, con montarlo en un kart con tres ya ¿te garantiza ser mejor que Fernando? En el mejor de los casos vas a llevar a tu familia a la ruina y punto. Porque el asturiano, aún con ser uno de los "elegidos", tuvo que batallar mucho tanto su familia como él a nivel personal, quitarse de muchas cosas, sacrificar otras y aunque ha llegado, eso no implica que lo pueda hacer todo el mundo.


Sí, yo conozco a una persona que le tocó la lotería, pero creo que estaremos de acuerdo en que no necesariamente me tocará a mi por gastar el mismo dinero que él en participar. Ni siquiera por gastar el doble o el triple. Y eso que enn las carreras hace falta talento y suerte y en la lotería "sólo" suerte, que no es poco.

Todo esto viene a colación de que hoy me estoy planteando muchas cosas. He estado con mi kart en el recinto ferial con mi hijo y mi sobrino. El mío no se quería subir y el primo se ha pegado una panzada de montar. Vamos, que mirándole la cara, se le había olvidado hasta que mañana es una noche mágica, porque la mañana de hoy es muy difícil de superar con Playmobil, Monsuno, Lego, Scalextric o figuras de Disney. Y el mío dándole pataditas a una puñetera pelota.

¿Realmente hacen bien esos padres a sus hijos que aún carecen de conocimiento con inscribirlos a escuelas de pilotos? Rotundamente no. Es más, hoy me he venido con tan malas sensaciones que si no es por mi sobrino, ahora estaría vendiendo el kart en milanuncios o mercadoracing. ¿Le gustará a mi hijo algún día? No lo sé, y eso que le encanta subirse a los karts biplazas pero porque conduzco yo.



¿Dejarlo a su ritmo? No lo sé. A mi me dejaron a mi ritmo, incluso trataron de frenarme y sin embargo me gustan y me he buscado las mañas para competir, siempre con la familia al contra aunque con alguna actitud sorprendentemente a favor, pero es que volcar en mi tercer slalom tampoco es que ayudase a mis objetivos.

Si le tiene que gustar, que le guste. Y si no, resignarse y ver si la tercera generación, dentro de 20 o 30 años más, tiene el gusanillo picándole. Pero para entonces no esperéis que yo me deje los pulmones empujando el coche para arrancarlo, me caliente la cabeza poniéndolo a punto o haga puzzles imposibles para transportarlo de un sitio a otro.

¿Indignado? No, desilusionado. Seguramente es culpa mía porque un error muy frecuente de un padre es proyectar en su hijo sus gustos, aficiones y tal vez frustraciones. Yo soñé de pequeño con ese kart que un día finalmente fue mío, y lo he conservado en el tiempo, a pesar de ofertas de cambio por motos de gran cilindrada. Simplemente porque quería que mi hijo tuviera el privilegio de disfrutar algo que yo pude y que la gran mayoría no pudo y envidió. Tal vez algún día, cuando sus piernas no quepan en el pequeño habitáculo, entienda mi frustración, pero será tarde. Él puede lo que muchos no pueden, y pasa. Al fin y al cabo es un niño.

La pasión por el automovilismo es algo difícilmente entendible, inexplicable. Te gusta y punto. A mi me gusta, a él no. Tengo que tirar la toalla, no lo puedo obligar. Hay padres que no entienden eso e insisten, quemando la infancia de los niños, porque al fin y al cabo yo lo que quiero es que "juegue"; esos padres de los que hablaba quieren que sus hijos los saquen de la pobreza.

Cuando en mi familia me decían que ya había corrido, que lo dejara, yo me he opuesto siempre. "Correré hasta que mi hijo tenga edad para hacerlo" me lo habrán escuchado alguna vez los que me conocen. A partir de ahora tendré que decir que correré hasta que me apetezca hacerlo porque no tiene pinta de que me den el relevo. La pena es que con esta puñetera crisis, el coche sigue sine die aparcado y tapado con una manta. Tal vez lo suyo sea venderlo, coche y remolque, olvidarse de todo. Pero qué demonios, cuando me vuelvo a gastar yo los dineros en otro "montaje" similar.

Esta es una entradilla escrita con cierto resquemor. Me encantará escribir otra a no mucho tardar en la que pueda enfocarlo todo de otra manera. Me costó aparcar el coche cuando la crisis arreció, me costó mantenerlo parado cuando apretó más y te sientes un poco menos vivo cuando te das cuenta de que no correr tampoco este año te va a resultar "fácil".

Sin embargo, igual que cuando ilustraba con un video del Terminator T800 con aquel "volveré", recupero el personaje para pensar que no está todo perdido. Casi al final de T2, el personaje de Schwarzenegger sucumbe ante el malo. Pero muy en su interior algo aún funciona. No puedo afirmar categóricamente que no voy a correr en 2015 o no lo haré en 2016. Alternate power mode on.



I will be back.

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